La victoria de Ruffo en 1989 hizo visible una nueva posibilidad: en Baja California, un candidato de oposición podía ganar una gubernatura, tener el resultado reconocido oficialmente y gobernar dentro de un sistema aún dominado por el PRI. No comenzó por sí solo la transición, pero abrió una puerta que ya no volvería a cerrarse.
Su gubernatura se desarrolló en un sistema donde el poder fiscal, administrativo y de seguridad permanecía concentrado en el gobierno federal. El federalismo fue un problema constante de gobernanza.
La frontera es central en su historia: nacimiento en San Diego, comercio transfronterizo, aduanas, infraestructura y la cultura política distintiva del norte de México.
Su carrera privada en la industria pesquera de Ensenada y su trabajo en comisiones del Senado destacan la pesca como industria regional y desafío de sustentabilidad.
Su ascenso se enmarcó como un desafío ciudadano a las instituciones arraigadas. Más tarde promovió iniciativas sobre la integridad de los padrones de militantes y la democracia interna de los partidos.